En los últimos años, y de manera más significativa en las dos últimas décadas, la proliferación de los campos de hierba artificial en los equipos aficionados (entiéndase como aficionado aquel equipo que va desde la tercera regional hasta regional preferente) han mejorado notablemente las condiciones estructurales, pero también han contribuído a la pérdida de potencial de otros clubs que no han tenido la posibilidad de modernizar sus instalaciones, quedando en inferioridad de condiciones para competir en ámbito local a la hora de atraer jugadores a sus equipos. No es lo mismo (cuando no hay dinero por medio) entrenar en un campo pequeño de tierra o grava con pobre alumbrado, que en un campo de hierba artificial que drena bien y que tiene una generosa iluminación.
No dudo de los numerosos beneficios de los campos de hierba artificial (tanto a nivel económico porque suelen estar subvencionados por entes públicos con el consecuente ahorro para las entidades en lo referido a su mantemiento, como a nivel ¨higiénico¨por poder utilizarse independientemente de las condiciones metereológicas. Pero la pregunta o reflexión que hago es la siguiente:
¿ Es posible que todos los beneficios que traen los campos de hierba artificial puedan traer consigo una pérdida de identidad en los equipos aficionados? Es decir, hace años, cuando estos campos de hierba artificial sólo exisitían en la ciudad, prácticamente cada equipo tenía un campo con unas características propias o específicas que le daban cierta ¨idiosincrasia¨a ese equipo, y al mismo tiempo, generaba una riqueza táctica por la necesidad de adaptarse a las características de estos campos y equipos.
Por ejemplo, había equipos que jugaban en campos de tierra con pequeñas dimensiones, otros en campos de hierba natural que en invierno se enlamaban, otros en campos grandes de gravilla,otros con un césped cuidado, otros llenos de baches...etc. Cada domingo, era una realidad distinta, el concepto ¨jugar en casa¨ cobraba más sentido. También el tipo de juego a desarrollar variaba en cada equipo dependiendo en gran medida del escenario en el que jugaban, siendo unos más aguerridos o expeditivos, otros apostaban más por el juego combinativo y otros simplemente hacían lo que podían según las condiciones. El perfil de jugador que se buscaba variaba en función de las caracterísiticas del campo y tipo de juego que se podía o quería desarrollar en él.
¿ Es posible que la uniformidad del terreno de juego haya afectado a la idiosincrasia de los clubs de fútbol modesto? En este caso, no pongo en duda los avances que consigo traen estas instalaciones ni sus numerosos beneficios , simplemente me pregunto si esta homogeneidad en el terreno de juego hace que se pierdan ciertos aspectos particulares de muchos clubs del fútbol modesto y por ende, la consecuente pérdida de riqueza ¨cultural¨en el fútbol aficionado. ¿Que opinas?
Un saludo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario